La pensión de jubilación es la prestación contributiva más representativa del sistema español de Seguridad Social. Reconoce el derecho a una renta vitalicia a quien cesa en la actividad laboral al cumplir simultáneamente dos requisitos básicos: una determinada edad legal y un período mínimo de cotización (carencia). Se financia mediante el sistema de reparto, es decir, con las cotizaciones de los trabajadores en activo en cada momento.
La edad ordinaria de jubilación se ha venido elevando gradualmente, en aplicación de la reforma de 2011 y posteriores ajustes, en función de los años cotizados a lo largo de la vida laboral: quienes acreditan carreras de cotización largas pueden jubilarse antes que quienes tienen historiales más cortos. Existen, además, modalidades específicas: jubilación anticipada (voluntaria o forzosa), jubilación parcial, jubilación activa (compatibilizar pensión y trabajo) y jubilación demorada (con incentivos por permanecer activo más allá de la edad ordinaria).
La cuantía de la pensión se calcula a partir de la base reguladora, que resulta de promediar las bases de cotización de un determinado número de años previos al hecho causante, y se aplica un porcentaje en función de los años cotizados. La pensión resultante está sometida a topes mínimos y máximos legales. La revalorización anual está vinculada por ley a la evolución del IPC desde la reforma de 2021. Una particularidad importante: la pensión de jubilación es incompatible, con carácter general, con el desempeño de un trabajo a tiempo completo, salvo en los supuestos de jubilación activa expresamente regulados.